Colgado.

*Este texto va dedicado con mucho cariño a aquellas personas que han atravesado o lo harán un proceso de enfermedad mental, en este caso una depresión por pérdida de la persona amada. Con todo mi respeto y cariño, pues una vez estuve metido en ese barrizal del que nunca se acaba de salir.

Todo el mundo lo decía que había cambiado pero él aseguraba que no era cierto. Desde que ella se fuera apagando no solo fue su humor, parecía  haber envejecido más de la cuenta.

En tres días volvería a cumplirse el aniversario de su ida.

Cinco años y parecía que fue ayer.

Su colorida ropa de diario fue sustituida por un viejo chándal gris cuya capucha siempre calada, le daba un aspecto deplorable. A ello se sumaba el abandono del aseo personal diario.

Carecía de ánimos para mirarse al espejo.

Perdió su trabajo, como sí hubiera soltado un jilguero de su jaula un amanecer. Según sus compañeros fue un  suceso hecho a propósito y él daba fe de ello. No sentía pesar por ello.

Ahora vivía esclavo del sofá y la cama a veces miraba “la caja tonta” pero no asimilaba aquellas imágenes.

Poco a poco su circulo de familiares y amigos fue desapareciendo de su vida, cuándo mas preocupados por su estado estaban sucedía que Pedro se exasperaba en aumento. Así optó por dejar de verlos.

La bebida y el tabaco constituyeron la base de su dieta apartando a un lado la base de su dieta, apartando a un lado la sana alimentación practicaba desde niño al igual que el deporte. Todo quedó arrinconado.

Cuando Laura falleció se llevó una parte de él. Aquella parte era más vital, su fundamento.

Se sentía como el conejillo aquel de juguete del anuncio que iba andando más lento a medida que las pilas perdían fuelle.

Sin motivos para vivir, cerrado en banda y se negó a recibir cualquier estímulo de la vida.

Solía ejecutar una liturgia con su primer chispazo de licor encendía el reproductor de compac-disc y ponía  la canción número 5 apretaba la tecla de repeat entonces una y otra vez sonaba de principio a fin recordándole su estado. Y vuelta a empezar.

Aquel día fregaba a mano la sartén, el agua fría le hacía sentirse más vivo, todavía le envolvían en su cerebro los retazos de aquella tortilla de patatas cuando se las quería dar de cocinero y acabó en el suelo por no admitir que era la primera vez que se veía en aquel trance.

Resuenan todavía  en su cabeza las risas de ella. Estaban empezando.

Como la echaba en falta.

Hoy fue más allá y rompió el marco con aquella foto que tanto le gustaba a ella tras lanzarle un vaso vacío.

Sostuvo durante un momento largo la fotografía.

La conocía de memoria, cada detalle.

Los dos a lomos de la vieja MZ con una lluvia de copos de nieve, la noche se hacía patente y parte de una tienda de campaña junto a una hoguera era su decorado. 

La sonrisa de ambos y aquellas narices de payaso con los gorros de piel, les daban un aspecto hilarante.

Lanzó al suelo con ira la imagen y comenzó a llorar mientras Enrique Urquijo comenzaba otra vez a cantar la letra de la canción como siempre.

Colgado.

Tan libre tan aislado, buscando nada en ningún lado.
Alguien tendió una mano y yo me encadené a esos brazos.

Colgado a sus caderas me fui olvidando de quién era,
Me fui quedando a un lado vencido por mi propia guerra.
Me quedé como un cuadro a su pared pegado
Que nada tiene que hacer salvo seguir colgado.

Colgado a sus peleas dando la cara ante cualquiera,
Dejando mis ideas perdidas tras sus escaleras.
Me quedé como un cuadro a su pared pegado
Que nada tiene que hacer salvo seguir colgado.

Quise bajar del marco, buscar mi sitio en otro barco,
Pero estaba atrapado, como sobre su piel tatuado.
Me quedé como un cuadro a su pared pegado
Que nada tiene que hacer salvo seguir colgado, colgado

Fuente: Musixmatch

Foto de Rachel Claire en Pexels

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